| 1901
El siglo XX ha comenzado en martes, lo que supone motivo para tristes augurios por parte de
los supersticiosos.
Atrás, en el recuerdo, ha quedado el siglo XIX al que unos llamarán el siglo del hierro,
otros el del vapor y de las máquinas, y otros, el siglo de la democracia, de las ciencias y de las
comunicaciones rápidas, debido a esa "bestia de raza de magnífica estampa que es la locomotora, inventada en 1829 y con la que puede alcanzarse, en la actualidad, 140 km. por hora".
Los malos augurios comienzan a ser realidad en la "Unión Artesana": resentidos todavía los
bolsillos, por lo gastado en los carnavales del año pasado, no se dispone de medios económicos para sacar a la calle la primera Tamborrada del siglo XX. Para mayor desastre, el Ayuntamiento comunica que no concederá subvención para organizar las fiestas.
Como ya ocurrió en anteriores ocasiones, unos cuantos donostiarras, no dispuestos a quedarse sin el típico festejo, reúnen por su cuenta el dinero necesario: son los socios de las Sociedades "Gizartea" y "Amigos Aurrera".
Sale la comitiva a la hora de costumbre, formando la banda de música "La Bella Easo", dirigida por don José Laca. Los heraldos llevan caballos cedidos por los señores Angel Ciriza,
Manuel Sarasola, Angel Arriarán y José Arana, enjaezados por el conocido guarnicionero don Felipe Merino. Cuenta la Tamborrada con una mascota original: un borriquillo que soporta el
peso de varios barriles de aguardiente, que se distribuye entre los participantes cuando se producen las paradas. Paradas que se realizan sin novedad, salvo la prevista en la calle Idiaquez, frente a la Sociedad "Amigos Aurrera", suspendida a instancia de don Francisco Irastorza, en señal de duelo por haber fallecido el día 19, en la misma casa, la virtuosa señora doña María Josefa Lecuona y Rezola, viuda de Aristi.
Y junto a los que se van, los nacidos en esta primera jornada del 20 de enero del nuevo siglo:
Pascual Eguizaraín y Donáriz, Prisca Ganuza y Seles, Fulgencio Zaldúa y Anabitarte, Josefa
Antonia Aramburu y Arruti, Ramón María Bizcarrondo y Gorosábel, María Josefa Iradi y Sarobe y Calixto Prisco Gabarain y Zapirain.
En Santa María, el coro de la capilla, reforzado con 60 miembros del Orfeón Donostiarra,
dirigido por don Miguel Oñate y acompañado de órgano y doble sexteto, canta la Misa en Fa
Mayor del maestro Pablo Hernández. El sermón lo pronuncia el coadjutor de la parroquia P.
Alcorta.
También por primera vez en la historia de las fiestas de San Sebastián, se ofrecen sesiones de
cinebiógrafo Lumière, en el Palacio de Bellas Artes, a las 15,30 h., 16,30 h., 17,30 h., 18,30 h.,
19,30 h. y 20,30 h. Son proyectadas las películas: Escuela de natación, estreno; Pirámides
humanas, en color; Carga final de los oficiales de la Escuadra de Caballería de Saumuk, estreno; Magia moderna, en color; Llegada de un vapor,estreno; El diablo en el convento, en color; Llegada de un tren, estreno; En la ratonera, en color; Regatas (ida y vuelta), estreno; Los apuros de don Cleto, en color; La muerte de don Cleto, recitado y No moverse, en color.
Dos reuniones importantes tienen lugar estos días: una nacional y otra local:
El Consejo de ministros celebrado bajo la presidencia del general Azcárraga, acuerda el
indulto de los delitos de prensa y el indulto general a los prófugos correspondientes a reemplazos anteriores a 1895, con motivo de la boda de la princesa de Asturias.
La Corporación Municipal celebra sesión el día 22, bajo la presidencia del alcalde señor conde de Torre Múzquiz y con asistencia de los concejales señores Altube, Lasquíbar, Bidaguren,
Pradera, Tornero, Meque, Zaldúa, Irastorza, Beitia, Elósegui, Nerecán, Soraluce, Bizcarrondo, Lizasoaín, Comín, Gabilondo, Pagola, Colmenares, Aguinaga, Ibarra y Machimbarrena.
Se trata de los bueyes ensogados corridos el día veinte. Se dice cómo se llamó "Kruger" al
segundo, por lo mucho que pegó. Se habla de los bueyes que fueron llevados kalei-kale hasta la Plazuela de Lasala y del que "imitando a don Tancredo, intentó hipnotizar al animal esperándole a pies firmes sobre un pedestal que el buey derribó sin causarle daño".
Se cita los diversosheridos habidos durante el día, entre los que destacan José Irigoyen, que resultó con lesionesleves; Patricio Merino, atendido de contusiones y diversas heridas y Juan Aizpurua, ingresado en el Hospital de San Antonio en grave estado, con una conmoción cerebral.
Junto a esta trágica exposición, se menciona el hecho de que, desde los balcones de la plaza,
se lanzaron más serpentinas que nunca y que en los soportales hubo más confettis de lo acostumbrado, resultando la fiesta de mayor animación de las celebradas últimamente.
A pesar de ello, el señor Pagola propone al Ayuntamiento que, en vista de los accidentes
ocurridos, se suspendan los bueyes a partir de este mismo día (22 de enero). El señor Tornero le contesta diciendo que no se puede acceder a lo propuesto, por haber obligaciones firmadas con el señor Esnal, contratista de las reses y advierte que "los efectos de los accidentes ocurridos estos días son muy exagerados".
El señor Elósegui, por su parte, deja sobre la mesa la opinión de que "por este año continúe la
fiesta, pero se pongan los medios necesarios para suspenderla el próximo".
¿Se cumplirá este deseo? Es difícil responder con exactitud, como lo es el asegurar que se realizarán las profecías anunciadas en la prensa local para el siglo que empieza: "Seguirán en
aumento los aficionados a los bueyes ensogados; continuarán los devotos de la lotería pidiendo
billetes de número impar con cero en medio; las comparsas de electores seguirán diciendo que la voluntad del país es, según los casos, liberal, servicial, monárquica o republicana;abundarán lasgentes deseosas de sacrificarse por la Patria en los cargos de senador y diputado y escaseará elnúmero de los que pretendan ser soldados voluntarios; se secarán los árboles que estos días seplantan en la calle Urbieta..."
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