1902
'"Un alcalde de infausta memoria, secundado
por una cohorte de servidores que se llaman concejales y que apoyan todas las aspiraciones de
gentes de Abejerral de Abajo, ha acordado suprimir la fiesta de los bueyes ensogados, lanzando
el sufrido pueblo de San Sebastián un alarido de
dolor" (de la prensa local de la época).
Debe advertirse que dos años antes, un
Decreto ministerial prohibió correr los bueyes
ensogados en toda la nación, pero el señor conde
de Torre Múzquiz, que era alcalde a la sazón,
logró una excepción a favor de San Sebastián,
que fue muy agradecida por los amantes de la
fiesta.
"Yo tomé la vara de alcalde -decía el señor
Machimbarrena en El Diario Vasco, el año 1946- de manos de don Miguel Altube, el día
uno de enero de 1902. Doce días después se presentó un escrito firmado por la mayoría de los
concejales, pidiendo que se suprimieran los
bueyes".
Firmado por los señores Tomás Acha, Juan
Albizu, Miguel Irastorza, Rufo Nerecán y Leopoldo Ducloux, el informe decía así: "La Comisión
de Fomento ha deliberado acerca de los diferentes aspectos que ofrece la cuestión y, la mayoría
de ella, considerando el hecho de que hacer
pasear a diferentes horas del día, por calles de
continuo y necesario tránsito, un buey agresivo,
como destinado a la lidia, acosado, además, por
una multitud que le precede y que le sigue en
veloz carrera y que atropella cuanto a su paso se
presenta, constituye un positivo y grave riesgo
para el pacífico transeủnte, que lo es el vecindario en general, como lo demuestran las desgracias que con tanta frecuencia ocurren.
Considerando, por consiguiente, que este fes- tejo es impropio de la cultura de San Sebastián y
que bajo este concepto no tiene justificación alguna el que sea precisamente la Corporación
Municipal la que contribuya en primer término a
crear y costear una afición que, indudablemente,
hace desmerecer el buen nombre del pueblo vascongado y el concepto de adelantado y culto, no
encuentra razón suficiente, para que se modifique el acuerdo adoptado referente a la supresión
de las corridas de bueyes, antes bien, creyendo
inspirarse en el criterio de la mayoría del pueblo,
entiende que es de su deber el formular claramente su opinión favorable a la resolución ya
anteriormente adoptada.
Estima, pues, esta Comisión, que sólo falta
determinar si procede obrar de un modo radical
e inmediato en la supresión de que se trata o si
aconseja la prudencia el llegar a este resultado
por medio de una solución intermedia y provisional que, orillando todo género de dificultades,
hiciera menos sensible para los aficionados la
repentina desaparición de este espectáculo.
Ambas opiniones han sido discutidas en el
seno de la Comisión sin haber llegado a un acuerdo definitivo, y como a juicio de los que firman
este informe, pudiere resultar contraproducente todo lo que no sea resolver de pleno la cuestión
de que se trata, sosteniendo íntegramente el
acuerdo referente a la supresión de las corridas
de bueyes ensogados, así lo proponen a V. E.
para que con su superior criterio decida lo que
estime más conveniente".
Por su parte, el señor Colmenares presentó el
siguiente voto particular: "El concejal que suscribe, vocal de la Comisión de Fomento, tiene el
sentimiento de disentir de la opinión formulada
en el informe de la mayoría de sus compañeros.
No considera de bastante fundamento, las
razones emitidas en el dictamen para suprimir
de una manera tan violenta y sin proponer previamente las fiestas o diversiones que han de
sustituir al espectáculo favorito de la sokamuturra, que sirve de solaz y alegría a los hijos de esta
querida ciudad, en una palabra, a los errikoshemes.
Al pueblo, se le priva del entretenimiento que
más le satisface, del festejo que más desarrolla
sus expansiones. Parecía natural que se hubiera
propuesto al Municipio otro espectáculo dedicаdo al pueblo que concurre y toma parte en las
corridas de bueyes ensogados. Pero ¿qué pretende la mayoría de la Comisión proponiendo se supriman las corridas de
bueyes ensogados? ¿Quiere que ese público se
vaya 'belis-molis' a pasearse al Boulevard, único espectáculo gratuito que se ofrece?
He nacido en este noble país, me he criado en
el ambiente de sus tradiciones y, por lo tanto, me
encuentro apegado a sus costumbres y abogo por
ellas. Si la mayoría de la Comisión de Fomento
considera poco culto este espectáculo y propone
que se destierre, ¿por qué no sigue el mismo criterio el verano con las corridas de toros y propone que no se celebren, porque pugnan con la cultura de esta ciudad?
¿Es que las funciones de pago tienen privilegio sobre las gratuitas? ¿Es que sólo los que llevan unas pesetas en el bolsillo pueden disfrutar
de las diversiones calificadas de poco cultas?
No hay motivo alguno que justifique la abolición de esta fiesta tan popular, y que tanto entusiasma y regocija a los errikoshemes. Pido que no se haga modificación alguna en
las corridas de bueyes ensogados y que éstas se
verifiquen como en años anteriores".
"Al recibir el escrito pidiendo la supresión de
los bueyes, se fijó el orden del día para la discusión del asunto en la sesión ordinaria. Por tratarse de una cuestión que presumía yo -sigue
diciendo el señor Machimbarrena- que había de
excitar los ánimos de muchas gentes, dispuse
que se pusiera en nómina de asuntos de aquella
sesión, en último lugar".
Para quienes deseaban adherirse a la protesta por la proyectada suspensión de las corridas
de bueyes, se abrieron suscripciones de firmas
en el establecimiento de don Rufino Alberdi,
calle Hernani n.° 10 bajo; imprenta de Ferreirós Avda. de la Libertad; imprenta de A. Bueno,
Fuenterrabía 14 bajo; establecimiento de Jorge
Salaverría, calle Puyuelo n. 17; "Círculo Easonense", gabinete de lectura y "Círculo Obrero",
calle Puerto. Se consiguieron 5.591 firmas.
También se abrieron listas de apoyo al Ayuntamiento para que sustituyera la fiesta, alcanzándose 350 firmas.
Llegado el día 14 de enero, a las cuatro de la
tarde, la Casa Consistorial se llenó de gente hasta
el punto de hacerse difícil el andar por los pasillos y penetrar en el salón de sesiones. Había,
también, mucho público en los soportales de la
plaza, esperando el resultado de la reunión.
Ello fue motivo de que el señor Laffitte exclamara: "Es de lamentar que cuando se tratan aquí asuntos económicos de vital interés para la
localidad, la voz de los concejales clame en el
desierto, y ahora, el solo anuncio de una discusión posible ante los bueyes ensogados, hace que
el salón se llene de público".
"Me costó buen trabajo el hacer callar a
aquella multitud -dice el señor Machimbarrena- que estuvo al fin silenciosa durante todo
el curso de la sesión y en la famosa y dilatada
discusión del magno asunto, en la que no tomé
parte".
Al llegar la hora de la votación, lo hicieron
por la supresión los señores Elósegui, Albizu,
Lerchundi, Goiburu, Comín, Resines, Nerecán,
Bidaguren, Acha, Ducloux, Zaldúa, Bizcarrondo,
Navarro, Arrese, Ibarra y Machimbarrena.
Votaron a favor de'la petición del señor Colmenares, que era lo que se había puesto a votación, los señores Gaminde, Laffitte, Gabilondo,
Inciarte, Arrillaga, Mendiluce, Iraola, Arcelus y
Colmenares.
Total: 16 votos contra 9, a favor de eliminar
la fiesta. A la adopción del acuerdo siguió una protesta tumultuosa, lográndose despejar la sala con
gran dificultad, aunque parte del público había
salido para comunicar, a los que esperaban en la
plaza, la decisión del Ayuntamiento.
El primero en salir fue el señor Colmenares,
siendo recibido con grandes ovaciones y paseado
en hombros por varias calles, mientras que los
concejales que habían votado en contra eran silbados, insultados y apaleados. Apedrearon al
concejal Arrese y le metieron su sombrero hongo
hasta el cuello al señor Ducloux (más tarde, este
señor mandaría un suelto a El Correo de Guipúzcoa, diciendo que a él nadie le había apabullado
el sombrero, pero el periódico le contestó diciendo que ellos mismos -los periodistas- lo habían visto), y así fue como, según La Voz de Guipúzcoa, "el principio de autoridad quedó por los suelos. por culpa de la autoridad misma".
A las seis de la tarde, la policía empezó a
disolver los grupos, presentándose en la Plaza de
la Constitución el gobernador civil, acompañado
del señor Jiménez y un oficial de la Benemérita, quienes trataron de disuadir a las personas allí
reunidas para que se disolvieran. Pero los agentes del gobernador fueron impotentes para conjurar el conflicto: un grupo numeroso se dispersó
a la calle Easo donde dos miqueletes, un guardia
de la vigilancia y otro municipal fueron recibidos
a pedradas, quedando los alborotadores dueños
de la situación. Comenzaron a dar gritos frente a
la casa n.° 3, donde vivía el alcalde, y a la voz de
''romper cristales", cayó una nube de enormes
piedras sobre los balcones del primero y segundo
piso, no quedando un cristal entero.
"Yo quedé en la alcaldía, acompañado de
Eustaquio Inciarte y Antonio Navarro -comentaba el señor Machimbarrena-, y al cabo de un
par de horas fui a mi domicilio, donde me enteré
de lo sucedido. En el tercer piso, donde yo vivía,
no se produjo daño alguno".
Luego fueron a la Avenida y a las calles Garibay y Guetaria, arrojando una lluvia de piedras
sobre el edificio de La Voz de Guipúzcoa, haciendo añicos todos los cristales.
El gobernador civil, avisado del desorden,
volvió a salir a la calle, sin conseguir detener a
los grupos.
En la calle Hernani fue destrozado el comercio del señor Ferreirós y se rompió una luna del
"Gran Café de Kutz". De aquí se pasó al Teatro
Principal, donde el empresario trató de defenderse sirviéndose para ello de un sable del guardarropía, con el que agredió a los asaltantes sin
consecuencias graves: fue roto uno de los grandes focos de arco voltaico que había sobre la
puerta. Sufrieron desperfectos las casas de algunos concejales que habían votado no y no quedó
un farol sano de cuantos había en las calles por
donde pasaron los que protestaban por la suspensión.
Seguidamente, la manifestación se acercó al
Gobierno Civil, ordenando el gobernador que
saliera un piquete de la Benemérita. En pocos
minutos se disolvió la agitación, pero los grupos
descontentos volvieron a ocupar el lugar apenas
se habían alejado los guardias.
A las diez de la noche, el jefe de la fuerza
mandó dar los tres toques de atención y se oyó
una descarga. Cuando ya estaba todo apaciguado, cuando
los manifestantes no tenían nada que romper y,
cansados, se retiraban tranquilamente a sus
casas, salió del cuartel el Batallón de Valencia,
dividiéndose en varias secciones por las calles de
la población. A los pocos minutos, viendo que era
inútil su presencia, se retiró al punto de partida.
Un breve balance de los hechos daba los
datos siguientes: 27 detenidos, entre los que se
encontraba el señor Colmenares (fueron llevados
a la cárcel de Ondarreta, a las cuatro de la
mañana), a quienes el pueblo llamó "los puros";
79 faroles y 10 focos de arco voltaico rotos;
numerosos cristales, lunas y espejos esparcidos
por el suelo; varios heridos entre paisanos, guardias civiles y miqueletes y diversos establecimientos destrozados, entre los que se contaba
como más afectado el restaurante y confitería
"La Mallorquina", en la calle Camino: entre los
daños sufridos figuraba el producido por una
bala procedente de las descargas habidas en la
Plaza de Guipúzcoa, la cual perforó el escaparate
y parte de las baldas interiores. Las tabernas
fueron cerradas por orden de la autoridad.
Bando del gobernador:
"Hago saber: que habiendo demostrado los
hechos la inutilidad de los esfuerzos llevados a
cabo para conseguir por la persuasión y amonestaciones que se desistiera por los alborotadores
de anoche de la actividad violenta en que se
colocaron, poniéndome en el caso de disolver los
grupos por la fuerza, y en previsión de que
pudieran repetirse estos sucesos: he acordado
prevenir que cualquier manifestación o grupos
que traten de formarse, serán disueltos inmediatamente, sin contemplaciones, por la fuerza pública.
Espero de la reconocida sensatez de este pueblo, que me ayude a mantener el orden y no me
pondrá en el sensible caso de tener que extremar
la represión, para la cual tengo todos los medios
necesarios.
Ruego, por tanto, a todas las personas sensatas, que no contribuyan con su presencia a la formación de grupos en las calles y advierto a los padres de familia, la obligación que tienen y responsabilidad en que incurrirán, si no recogen
debidamente a sus hijos, para evitar que haya
quien se aproveche de sus pocos años e inexperiencia, para promover desórdenes.
San Sebastián a 15 de enero de 1902
Godofredo de Bessón Gobernador Civil de Guipúzcoa
Bando del alcalde: "Hago saber: que los vergonzosos sucesos
acaecidos en la noche de ayer han dejado tristemente impresionado al vecindario pacífico de la
ciudad, y turbado la tranquilidad pública, con el
temor que inspiran las amenazas de su repetición.
Con laudable proceder agotó ayer la autoridad todos los recursos persuasivos para conseguir la disolución de los grupos de alborotadores
y, sólo ante la imposibilidad de conseguir un
buen propósito por todos medios, recurrió a la
fuerza, muy a su pesar.
Es impropio de la cultura de nuestro pueblo,
lo sucedido anoche, y yo requiero la cooperación de todo el vecindario pacífico y sensato, para
impedir que se repitan esos lamentables desórdenes y que una minoría turbulenta deshonre el
buen nombre de la ciudad.
Hoy publica el Excmo. Señor Gobernador
Civil un bando que será la última amonestación
pacífica a los amotinados de anoche, y suplico
muy encarecidamente a todos los buenos y cultos habitantes de San Sebastián, que son la
inmensa mayoría, que repriman su curiosidad y
se retiren a sus casas, si desgraciadamente los
alborotadores promueven algún desorden.
San Sebastián a 15 de enero de 1902
Sebastián Machimbarrena Alcalde de San Sebastián.
El Gobernador Civil recibió un telegrama del
señor Villanueva, Ministro de la Gobernación,
ordenándole que usara de todos los medios necesarios para evitar que se reprodujeran los sucesos. Fueron reconcentradas las fuerzas de la
guardia civil y los miqueletes. El día 15 llegaron
por los ferrocarriles del Norte y de la Costa todos
los hombres que formaban la guarnición de los
puestos de la provincia. En el tren correo llegaron ocho guardias civiles de a caballo, procedentes de Vitoria. El día 17 llegaron 15 más y un oficial.
También llegó el coronel del Cuerpo y su
capitán ayudante. La guardia civil se alojó en el
barrio del Antiguo, salvo cuatro, que lo hicieron
en el Gobierno Militar y cinco en el cuartel de
San Telmo. Las tropas estuvieron en los cuarteles, para salir al primer aviso. En el Palacio de la
Diputación se concentró el retén de miqueletes,
compuesto de cuarenta hombres. Se pensó en
principio destacar un retén en la Escuela de
Artes y Oficios y para ello se trasladaron al lugar
el Capitán de Miqueletes, don Tomás Inurrategui
y el Teniente señor Ocáriz, quienes desistieron
del proyecto por carecer el edificio de comunicación con el Gobierno Civil.
Fueron suspendidas las clases en la Escuela
de Artes y Oficios, por orden del Gobernador; la
Corporación Municipal comunicó que no asistiría
el día veinte a la misa de Santa María, por no haber recibido la correspondiente invitación del
Vicario de la parroquia; el Teatro Principal suspendió sus funciones de teatro y el presidente de
"Unión Artesana", don Eugenio Gabilondo,
informó que 'en señal de duelo" la Sociedad nỏ
celebraría los festejos del día de San Sebastián ni
los programados para la Candelaria: las 500
pesetas recaudadas para los gastos de las fiestas,
se repartirían entre familias pobres de la ciudad.
Entre los actos que había previsto la "Unión
Artesana", figuraba una gran Tamborrada en
colaboración con la Sociedad "Sporti Clai", en la
que tomarían parte 17 nigromantes, todos ellos
bien apuestos y arrogantes; una banda formada
por 18 tambores y otra por 18 barriles y la banda de música integrada por 43 individuos. Por la
noche, se había pensado sacar una gran retreta
cívico-carnavalesca.
El día 19, a las ocho de la mañana, falleció
S. A. la Infanta M.ª Cristina, debido a un ataque
de colapso. Al día siguiente, veinte de enero, se
celebró en la iglesia del Buen Pastor una gran
Misa de Gloria, a gran orquesta, original del
aventajado maestro don Buenaventura Zapiraín. El lunes, festividad de San Sebastián, puede
decirse que el único festejo celebrado fue la iluminación de la fachada del Ayuntamiento.
Muchas personas afines a la fiesta de los bueyes,
decidieron ausentarse de San Sebastián para evitarse problemas. A las ocho de la mañana, queriendo conservar la costumbre, se presentó en la
Plaza de la Constitución un gran número de errikoshemes, "permaneciendo más inmóviles que
las columnas de los soportales". En cuanto el
reloj dio las 8,15 "se marcharon todos como
tocados por un resorte".
A las doce, la Banda Municipal interpretó el
acostumbrado concierto del Boulevard, que
resultó lleno de incidentes; un joven llamado
José Tolosa promovió un escándalo al agredir a
un caballero, rompiéndole el cuello del gabán
con una navaja; poco después, otro joven comenzó a lanzar gritos subversivos y, por último, uno
de los asistentes pidió que se tocara el Iriyarena,
viendo cargar sobre él a gran número de policías
que lo llevaron a la perrera.
La Guardia Civil comió su rancho en la Casa Consistorial, Teatro Principal y edificio donde se
hallaba instalado el Juzgado.
En el Ayuntamiento, hubo discusión sobre si
debía darse rancho extra a los presos y pobres de
la Ciudad. Algunos concejales dijeron que eran
muchos gastos en un solo día y que se podía dejar para otra fecha. Tras largo debate, se acordó dar 3.000 raciones. Dado que entre los presos
estaban los detenidos el día 14, los socios de la
"Unión Artesana", durante la cena que celebraron, sugirieron, humorísticamente, que el alcalde podía enviar un telegrama a la cárcel de
Ondarreta, en los términos siguientes:
No os podreis quejar de mí,
que encerrados os dejé;
Si los bueyes os quité,
suculento rancho os di.
El menú por su parte, estuvo acorde con los
acontecimientos: Sopa de asta de buey; criadillas de buey con sokamuturra; beefteak de buey
ensogado; hígados salteados a lo Barrenamachim; hongos apabullados estilo Ducloux; pepinillos fracasados; pasteles coalicionistas, frutas y
vinos ácidos, excluyendo las marcas maketas.
Por la tarde fueron muy frecuentados los
paseos. Hubo baile en el Circo y cinebiógrafo
Lumière en el Palacio de Bellas Artes.
En un periódico de Burgos, pudo leerse estos
días: "¿Qué amantes de las tradiciones son los
que se sublevan porque les quitan las corridas de
bueyes ensogados y no se sublevaron cuando les
quitaron los Fueros?" |
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