domingo, 16 de enero de 2022

1902

 


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FESTIVIDAD DE SAN SEBASTIÁN 
1902





 

FESTIVIDAD DE SAN SEBASTIÁN (14.01)

Las fiestas

Los ensayos de la tamborrada darán comienzo esta noche a las nueve, en los salones de la popular sociedad Unión Artesana.

Los Sporti claistas se muestran muy animosos para batir el tambor.

Los ensayos los dirigirá un conocido y entusiasta erricosheme.

La comitiva la formarán 97 individuos.

Romperán la marcha 17 nigromantes, todos ellos bien apuestos y arrogantes jóvenes, seguirá la banda de tambores en número de 18 y la de barrileros compuesta de 18 individuos al mando de un conocido y popular donostiarra, quien dirigirá las evoluciones propias del caso con el palo o bastón de tambor mayor. Cerrará la marcha una música formada de 43 individuos.

La tamborrada saldrá de la Plazuela de Lasala a las cinco y media de la mañana.

Los preparativos para esta fiesta se están llevando á cabo con gran actividad y entusiasmo.


LA VOZ DE GUIPUZCOA.14.01
1902





 

FESTIVIDAD DE SAN SEBASTIÁN(14.01)
(14.01) GRAVES SUCESOS
FESTIVIDAD DE SAN SEBASTIÁN (15.01)


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FESTIVIDAD DE SAN SEBASTIÁN (16.01)

LA VOZ DE GUIPUZCOA.16.01


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FESTIVIDAD DE SAN SEBASTIÁN 
1902





 

FESTIVIDAD DE SAN SEBASTIÁN (21.01)

LA VOZ DE GUIPUZCOA.21.01


1902





 

DOS SIGLOS DE TAMBORRADA
1902

'"Un alcalde de infausta memoria, secundado por una cohorte de servidores que se llaman concejales y que apoyan todas las aspiraciones de gentes de Abejerral de Abajo, ha acordado suprimir la fiesta de los bueyes ensogados, lanzando el sufrido pueblo de San Sebastián un alarido de dolor" (de la prensa local de la época). Debe advertirse que dos años antes, un Decreto ministerial prohibió correr los bueyes ensogados en toda la nación, pero el señor conde de Torre Múzquiz, que era alcalde a la sazón, logró una excepción a favor de San Sebastián, que fue muy agradecida por los amantes de la fiesta. "Yo tomé la vara de alcalde -decía el señor Machimbarrena en El Diario Vasco, el año 1946- de manos de don Miguel Altube, el día uno de enero de 1902. Doce días después se presentó un escrito firmado por la mayoría de los concejales, pidiendo que se suprimieran los bueyes". Firmado por los señores Tomás Acha, Juan Albizu, Miguel Irastorza, Rufo Nerecán y Leopoldo Ducloux, el informe decía así: "La Comisión de Fomento ha deliberado acerca de los diferentes aspectos que ofrece la cuestión y, la mayoría de ella, considerando el hecho de que hacer pasear a diferentes horas del día, por calles de continuo y necesario tránsito, un buey agresivo, como destinado a la lidia, acosado, además, por una multitud que le precede y que le sigue en veloz carrera y que atropella cuanto a su paso se presenta, constituye un positivo y grave riesgo para el pacífico transeủnte, que lo es el vecindario en general, como lo demuestran las desgracias que con tanta frecuencia ocurren.
Considerando, por consiguiente, que este fes- tejo es impropio de la cultura de San Sebastián y que bajo este concepto no tiene justificación alguna el que sea precisamente la Corporación Municipal la que contribuya en primer término a crear y costear una afición que, indudablemente, hace desmerecer el buen nombre del pueblo vascongado y el concepto de adelantado y culto, no encuentra razón suficiente, para que se modifique el acuerdo adoptado referente a la supresión de las corridas de bueyes, antes bien, creyendo inspirarse en el criterio de la mayoría del pueblo, entiende que es de su deber el formular claramente su opinión favorable a la resolución ya anteriormente adoptada. Estima, pues, esta Comisión, que sólo falta determinar si procede obrar de un modo radical e inmediato en la supresión de que se trata o si aconseja la prudencia el llegar a este resultado por medio de una solución intermedia y provisional que, orillando todo género de dificultades, hiciera menos sensible para los aficionados la repentina desaparición de este espectáculo. Ambas opiniones han sido discutidas en el seno de la Comisión sin haber llegado a un acuerdo definitivo, y como a juicio de los que firman este informe, pudiere resultar contraproducente todo lo que no sea resolver de pleno la cuestión de que se trata, sosteniendo íntegramente el acuerdo referente a la supresión de las corridas de bueyes ensogados, así lo proponen a V. E. para que con su superior criterio decida lo que estime más conveniente". Por su parte, el señor Colmenares presentó el siguiente voto particular: "El concejal que suscribe, vocal de la Comisión de Fomento, tiene el sentimiento de disentir de la opinión formulada en el informe de la mayoría de sus compañeros. No considera de bastante fundamento, las razones emitidas en el dictamen para suprimir de una manera tan violenta y sin proponer previamente las fiestas o diversiones que han de sustituir al espectáculo favorito de la sokamuturra, que sirve de solaz y alegría a los hijos de esta querida ciudad, en una palabra, a los errikoshemes. Al pueblo, se le priva del entretenimiento que más le satisface, del festejo que más desarrolla sus expansiones. Parecía natural que se hubiera propuesto al Municipio otro espectáculo dedicаdo al pueblo que concurre y toma parte en las corridas de bueyes ensogados. 
Pero ¿qué pretende la mayoría de la Comisión proponiendo se supriman las corridas de bueyes ensogados? ¿Quiere que ese público se vaya 'belis-molis' a pasearse al Boulevard, único espectáculo gratuito que se ofrece? He nacido en este noble país, me he criado en el ambiente de sus tradiciones y, por lo tanto, me encuentro apegado a sus costumbres y abogo por ellas. Si la mayoría de la Comisión de Fomento considera poco culto este espectáculo y propone que se destierre, ¿por qué no sigue el mismo criterio el verano con las corridas de toros y propone que no se celebren, porque pugnan con la cultura de esta ciudad? ¿Es que las funciones de pago tienen privilegio sobre las gratuitas? ¿Es que sólo los que llevan unas pesetas en el bolsillo pueden disfrutar de las diversiones calificadas de poco cultas? No hay motivo alguno que justifique la abolición de esta fiesta tan popular, y que tanto entusiasma y regocija a los errikoshemes.
Pido que no se haga modificación alguna en las corridas de bueyes ensogados y que éstas se verifiquen como en años anteriores". "Al recibir el escrito pidiendo la supresión de los bueyes, se fijó el orden del día para la discusión del asunto en la sesión ordinaria. Por tratarse de una cuestión que presumía yo -sigue diciendo el señor Machimbarrena- que había de excitar los ánimos de muchas gentes, dispuse que se pusiera en nómina de asuntos de aquella sesión, en último lugar". Para quienes deseaban adherirse a la protesta por la proyectada suspensión de las corridas de bueyes, se abrieron suscripciones de firmas en el establecimiento de don Rufino Alberdi, calle Hernani n.° 10 bajo; imprenta de Ferreirós
Avda. de la Libertad; imprenta de A. Bueno, Fuenterrabía 14 bajo; establecimiento de Jorge Salaverría, calle Puyuelo n. 17; "Círculo Easonense", gabinete de lectura y "Círculo Obrero", calle Puerto. Se consiguieron 5.591 firmas. También se abrieron listas de apoyo al Ayuntamiento para que sustituyera la fiesta, alcanzándose 350 firmas. Llegado el día 14 de enero, a las cuatro de la tarde, la Casa Consistorial se llenó de gente hasta el punto de hacerse difícil el andar por los pasillos y penetrar en el salón de sesiones. Había, también, mucho público en los soportales de la plaza, esperando el resultado de la reunión. Ello fue motivo de que el señor Laffitte exclamara: "Es de lamentar que cuando se tratan aquí asuntos económicos de vital interés para la localidad, la voz de los concejales clame en el desierto, y ahora, el solo anuncio de una discusión posible ante los bueyes ensogados, hace que el salón se llene de público". "Me costó buen trabajo el hacer callar a aquella multitud -dice el señor Machimbarrena- que estuvo al fin silenciosa durante todo el curso de la sesión y en la famosa y dilatada discusión del magno asunto, en la que no tomé parte". Al llegar la hora de la votación, lo hicieron por la supresión los señores Elósegui, Albizu, Lerchundi, Goiburu, Comín, Resines, Nerecán, Bidaguren, Acha, Ducloux, Zaldúa, Bizcarrondo, Navarro, Arrese, Ibarra y Machimbarrena. Votaron a favor de'la petición del señor Colmenares, que era lo que se había puesto a votación, los señores Gaminde, Laffitte, Gabilondo, Inciarte, Arrillaga, Mendiluce, Iraola, Arcelus y Colmenares. Total: 16 votos contra 9, a favor de eliminar la fiesta.
A la adopción del acuerdo siguió una protesta tumultuosa, lográndose despejar la sala con gran dificultad, aunque parte del público había salido para comunicar, a los que esperaban en la plaza, la decisión del Ayuntamiento. El primero en salir fue el señor Colmenares, siendo recibido con grandes ovaciones y paseado en hombros por varias calles, mientras que los concejales que habían votado en contra eran silbados, insultados y apaleados. Apedrearon al concejal Arrese y le metieron su sombrero hongo hasta el cuello al señor Ducloux (más tarde, este señor mandaría un suelto a El Correo de Guipúzcoa, diciendo que a él nadie le había apabullado el sombrero, pero el periódico le contestó diciendo que ellos mismos -los periodistas- lo habían visto), y así fue como, según La Voz de Guipúzcoa, "el principio de autoridad quedó por los suelos. por culpa de la autoridad misma". A las seis de la tarde, la policía empezó a disolver los grupos, presentándose en la Plaza de la Constitución el gobernador civil, acompañado del señor Jiménez y un oficial de la Benemérita, quienes trataron de disuadir a las personas allí reunidas para que se disolvieran. Pero los agentes del gobernador fueron impotentes para conjurar el conflicto: un grupo numeroso se dispersó a la calle Easo donde dos miqueletes, un guardia de la vigilancia y otro municipal fueron recibidos a pedradas, quedando los alborotadores dueños de la situación. Comenzaron a dar gritos frente a la casa n.° 3, donde vivía el alcalde, y a la voz de ''romper cristales", cayó una nube de enormes piedras sobre los balcones del primero y segundo piso, no quedando un cristal entero. "Yo quedé en la alcaldía, acompañado de Eustaquio Inciarte y Antonio Navarro -comentaba el señor Machimbarrena-, y al cabo de un par de horas fui a mi domicilio, donde me enteré de lo sucedido. En el tercer piso, donde yo vivía, no se produjo daño alguno". Luego fueron a la Avenida y a las calles Garibay y Guetaria, arrojando una lluvia de piedras sobre el edificio de La Voz de Guipúzcoa, haciendo añicos todos los cristales. El gobernador civil, avisado del desorden, volvió a salir a la calle, sin conseguir detener a los grupos.
En la calle Hernani fue destrozado el comercio del señor Ferreirós y se rompió una luna del "Gran Café de Kutz". De aquí se pasó al Teatro Principal, donde el empresario trató de defenderse sirviéndose para ello de un sable del guardarropía, con el que agredió a los asaltantes sin consecuencias graves: fue roto uno de los grandes focos de arco voltaico que había sobre la puerta. Sufrieron desperfectos las casas de algunos concejales que habían votado no y no quedó un farol sano de cuantos había en las calles por donde pasaron los que protestaban por la suspensión. Seguidamente, la manifestación se acercó al Gobierno Civil, ordenando el gobernador que saliera un piquete de la Benemérita. En pocos minutos se disolvió la agitación, pero los grupos descontentos volvieron a ocupar el lugar apenas se habían alejado los guardias. A las diez de la noche, el jefe de la fuerza mandó dar los tres toques de atención y se oyó una descarga.
Cuando ya estaba todo apaciguado, cuando los manifestantes no tenían nada que romper y, cansados, se retiraban tranquilamente a sus casas, salió del cuartel el Batallón de Valencia, dividiéndose en varias secciones por las calles de la población. A los pocos minutos, viendo que era inútil su presencia, se retiró al punto de partida. Un breve balance de los hechos daba los datos siguientes: 27 detenidos, entre los que se encontraba el señor Colmenares (fueron llevados a la cárcel de Ondarreta, a las cuatro de la mañana), a quienes el pueblo llamó "los puros"; 79 faroles y 10 focos de arco voltaico rotos; numerosos cristales, lunas y espejos esparcidos por el suelo; varios heridos entre paisanos, guardias civiles y miqueletes y diversos establecimientos destrozados, entre los que se contaba como más afectado el restaurante y confitería "La Mallorquina", en la calle Camino: entre los daños sufridos figuraba el producido por una bala procedente de las descargas habidas en la Plaza de Guipúzcoa, la cual perforó el escaparate y parte de las baldas interiores. Las tabernas fueron cerradas por orden de la autoridad.  
Bando del gobernador:
"Hago saber: que habiendo demostrado los hechos la inutilidad de los esfuerzos llevados a cabo para conseguir por la persuasión y amonestaciones que se desistiera por los alborotadores de anoche de la actividad violenta en que se colocaron, poniéndome en el caso de disolver los grupos por la fuerza, y en previsión de que pudieran repetirse estos sucesos: he acordado prevenir que cualquier manifestación o grupos que traten de formarse, serán disueltos inmediatamente, sin contemplaciones, por la fuerza pública. Espero de la reconocida sensatez de este pueblo, que me ayude a mantener el orden y no me pondrá en el sensible caso de tener que extremar la represión, para la cual tengo todos los medios necesarios. Ruego, por tanto, a todas las personas sensatas, que no contribuyan con su presencia a la formación de grupos en las calles y advierto a los padres de familia, la obligación que tienen y responsabilidad en que incurrirán, si no recogen debidamente a sus hijos, para evitar que haya quien se aproveche de sus pocos años e inexperiencia, para promover desórdenes.
San Sebastián a 15 de enero de 1902
Godofredo de Bessón
Gobernador Civil de Guipúzcoa

Bando del alcalde:
"Hago saber: que los vergonzosos sucesos acaecidos en la noche de ayer han dejado tristemente impresionado al vecindario pacífico de la ciudad, y turbado la tranquilidad pública, con el temor que inspiran las amenazas de su repetición. Con laudable proceder agotó ayer la autoridad todos los recursos persuasivos para conseguir la disolución de los grupos de alborotadores y, sólo ante la imposibilidad de conseguir un buen propósito por todos medios, recurrió a la fuerza, muy a su pesar. Es impropio de la cultura de nuestro pueblo, lo sucedido anoche, y yo requiero la cooperación de todo el vecindario pacífico y sensato, para impedir que se repitan esos lamentables desórdenes y que una minoría turbulenta deshonre el buen nombre de la ciudad. Hoy publica el Excmo. Señor Gobernador Civil un bando que será la última amonestación pacífica a los amotinados de anoche, y suplico muy encarecidamente a todos los buenos y cultos habitantes de San Sebastián, que son la inmensa mayoría, que repriman su curiosidad y se retiren a sus casas, si desgraciadamente los alborotadores promueven algún desorden.
San Sebastián a 15 de enero de 1902
Sebastián Machimbarrena
Alcalde de San Sebastián.

El Gobernador Civil recibió un telegrama del señor Villanueva, Ministro de la Gobernación, ordenándole que usara de todos los medios necesarios para evitar que se reprodujeran los sucesos. Fueron reconcentradas las fuerzas de la guardia civil y los miqueletes. El día 15 llegaron por los ferrocarriles del Norte y de la Costa todos los hombres que formaban la guarnición de los puestos de la provincia. En el tren correo llegaron ocho guardias civiles de a caballo, procedentes de Vitoria. El día 17 llegaron 15 más y un oficial. También llegó el coronel del Cuerpo y su capitán ayudante. La guardia civil se alojó en el barrio del Antiguo, salvo cuatro, que lo hicieron en el Gobierno Militar y cinco en el cuartel de San Telmo. Las tropas estuvieron en los cuarteles, para salir al primer aviso. En el Palacio de la Diputación se concentró el retén de miqueletes, compuesto de cuarenta hombres. Se pensó en principio destacar un retén en la Escuela de Artes y Oficios y para ello se trasladaron al lugar el Capitán de Miqueletes, don Tomás Inurrategui y el Teniente señor Ocáriz, quienes desistieron del proyecto por carecer el edificio de comunicación con el Gobierno Civil. Fueron suspendidas las clases en la Escuela de Artes y Oficios, por orden del Gobernador; la Corporación Municipal comunicó que no asistiría el día veinte a la misa de Santa María, por no
haber recibido la correspondiente invitación del Vicario de la parroquia; el Teatro Principal suspendió sus funciones de teatro y el presidente de "Unión Artesana", don Eugenio Gabilondo, informó que 'en señal de duelo" la Sociedad nỏ celebraría los festejos del día de San Sebastián ni los programados para la Candelaria: las 500 pesetas recaudadas para los gastos de las fiestas, se repartirían entre familias pobres de la ciudad. Entre los actos que había previsto la "Unión Artesana", figuraba una gran Tamborrada en colaboración con la Sociedad "Sporti Clai", en la que tomarían parte 17 nigromantes, todos ellos bien apuestos y arrogantes; una banda formada por 18 tambores y otra por 18 barriles y la banda de música integrada por 43 individuos. Por la noche, se había pensado sacar una gran retreta cívico-carnavalesca. El día 19, a las ocho de la mañana, falleció S. A. la Infanta M.ª Cristina, debido a un ataque de colapso. Al día siguiente, veinte de enero, se celebró en la iglesia del Buen Pastor una gran Misa de Gloria, a gran orquesta, original del aventajado maestro don Buenaventura Zapiraín.
El lunes, festividad de San Sebastián, puede decirse que el único festejo celebrado fue la iluminación de la fachada del Ayuntamiento. Muchas personas afines a la fiesta de los bueyes, decidieron ausentarse de San Sebastián para evitarse problemas. A las ocho de la mañana, queriendo conservar la costumbre, se presentó en la Plaza de la Constitución un gran número de errikoshemes, "permaneciendo más inmóviles que las columnas de los soportales". En cuanto el reloj dio las 8,15 "se marcharon todos como tocados por un resorte". A las doce, la Banda Municipal interpretó el acostumbrado concierto del Boulevard, que resultó lleno de incidentes; un joven llamado José Tolosa promovió un escándalo al agredir a un caballero, rompiéndole el cuello del gabán con una navaja; poco después, otro joven comenzó a lanzar gritos subversivos y, por último, uno de los asistentes pidió que se tocara el Iriyarena, viendo cargar sobre él a gran número de policías que lo llevaron a la perrera. La Guardia Civil comió su rancho en la Casa Consistorial, Teatro Principal y edificio donde se hallaba instalado el Juzgado. En el Ayuntamiento, hubo discusión sobre si debía darse rancho extra a los presos y pobres de la Ciudad. Algunos concejales dijeron que eran muchos gastos en un solo día y que se podía dejar para otra fecha. Tras largo debate, se acordó dar 3.000 raciones. Dado que entre los presos estaban los detenidos el día 14, los socios de la "Unión Artesana", durante la cena que celebraron, sugirieron, humorísticamente, que el alcalde podía enviar un telegrama a la cárcel de Ondarreta, en los términos siguientes: No os podreis quejar de mí, que encerrados os dejé; Si los bueyes os quité, suculento rancho os di.
El menú por su parte, estuvo acorde con los acontecimientos: Sopa de asta de buey; criadillas de buey con sokamuturra; beefteak de buey ensogado; hígados salteados a lo Barrenamachim; hongos apabullados estilo Ducloux; pepinillos fracasados; pasteles coalicionistas, frutas y vinos ácidos, excluyendo las marcas maketas. Por la tarde fueron muy frecuentados los paseos. Hubo baile en el Circo y cinebiógrafo Lumière en el Palacio de Bellas Artes. En un periódico de Burgos, pudo leerse estos días: "¿Qué amantes de las tradiciones son los que se sublevan porque les quitan las corridas de bueyes ensogados y no se sublevaron cuando les quitaron los Fueros?"

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