1899
"Hagamos un paréntesis en la política, olvidémonos por un momento de las desdichas del
país y, ensordecidos por los ecos de la Tamborrada, ocupémonos un instante de la fiesta de nuestro patrono":
Poesía original de Juan Ignacio Uranga,
publicada en La Unión Vascongada: Título:
Donostiar Festa:
Goizian Goizetikan
damborraren otsak,
jarri gaitu gustiyok
biyozez chit pozaki;
ez gaitu ikaratzen
elur ta ezotzak
naiz iduki otzaren
bidez, kas, kas, ortzak.
Gaur festarako gaude
guztiro pishtuak
diralako idiyak
edo idishkuak
plazan ez du ikarik
daben arrishkuak
ala diyote beintzat
damboliñ chischtuak. Eguna asten danez
bezela argitzen
iriyarena degu
pozgiroz aditzen;
len diranak oyean
egonez negitzen,
ditusoñu zarorrek
biliro arintzen.
Batzuek geldi eta
bestiak igeska
festaz gu pozgirotzen chit gauza errez-da
soka muturrarekin
edi jostaketa
da donostiar denak
maite duten festa.
Miguel Salaverría, Eugenio Gabilondo, José
Agote, José Cendoya, Ladislao Louvelli, Hermenegildo Luzuriaga, Luis Biquendi, Teodoro
Mallo, Juan Meque, Lorenzo Arrillaga, Juan
Echezarreta, Francisco Berrondo, Saveriano
Arrieta y otros muchos, son el alma de las fiestas
donostiarras. De esas fiestas que colaboran para
que San Sebastián tenga fama de ciudad poco
tranquila. "La ciudad de los ruidos llaman a San Sebastián los forasteros, cuando surgen como por arte
de magia esas barriadas espléndidas que exigen
sus cimientos la voladura de alcantilados o el
transporte mecánico de toneladas de arena para
llenar las marismas; cuando se exterioriza el júbilo callejero, entendido siempre con estallidos
de pólvora en los aires y de música en la vía pública; cuando llega el aseo casero que, a fuerza
de los pies, convierte en espejos las tarimas de
los pisos; cuando las sirenas de los vapores
anuncian el incesante trajín pescador; cuando
las iglesias comienzan con su campaneo, para el
que todo es motivo; cuando las vocinglerías
infantiles proclaman la saludable vida del niño
al aire libre... Considera el veraneante que los
elementos vitales de nuestra población son tres:
iodo, oxígeno y ruido. Sólo un día al año el silencio es total, y es en la mañana del Viernes Santo,
cuando el monte Urgull, patrimonio del ramo de
guerra, se abre al paisanaje para ir al Vía Crucis
Y tal vez para escapar de ese ruido que reina
en la ciudad, los donostiarras piden al señor Illana, gobernador de la provincia, que "no habiendo ya temor de que los yankees nos hostilicen, se
abra al público el paseo del Castillo, puesto que
en estos días de tiempo primaveral, es un lugar
de los más agradables para pasear".
Más agradable, por lo menos, que pasear en
tranvía, pues varias señoritas se quejan a las
autoridades de las molestias que les causa el humo de los caballeros que viajan con el cigarro
encendido, pidiendo se prohíba fumar en el interior de los citados transportes.
Bien podrían soportarse estas molestias, si
fuera para acudir a cobrar uno de los premios
gordos "caídos" en San Sebastián en el sorteo
del día 20. El segundo, de 70.000 pesetas, ha
correspondido al número 3.171 y fue vendido en
la administración de don Lorenzo Arrillaga, en la
Avenida de La Libertad y el número 7.268, premiado con 4.000 pesetas, fue expedido por don
Guillermo Instaudec, en su establecimiento de la
Plaza de Guipúzcoa.
Coincidiendo con este incremento de la
riqueza de San Sebastián se aumentan las raciones gratuitas extraordinarias: a las repartidas el año pasado entre la población reclusa, se añaden
mil quinientas de pan, carne y legumbres, para
los pobres de la ciudad.
Por lo demás, las fiestas se desarrollan como
es costumbre, en espera de los grandes acontecimientos del próximo año.
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