1913

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1913
Aunque es un año singular en la vida de la
ciudad -centenario de su destrucción y cincuentenario del derribo de las murallas- y aunque
tenga lugar una de las mayores tamborradas de
las celebradas hasta el momento, será recordado
en los ambientes jatorras por algo que no figura
en los programas, por algo que no ocurre el 20 de
enero, aunque esté muy ligado a él, por algo, en
suma, que llenará de tristeza los corazones de
muchos donostiarras: la muerte de Raimundo
Sarriegui. Pero conservemos un orden cronológico,
para mejor conocimiento de los hechos.
Las fiestas transcurren sin especial relieve. A
las 8,30 de la tarde del 19 sale la Tamborrada de
la "Unión Artesana", con 120 componentes,
siendo dirigida por el joven Jornet y Larrarte y,
al día siguiente, a las siete de la mañana, hace su
recorrido la de "Donosti Zarra".
En Cai Arriba, previo pago de tres perras chicas, puede admirarse la foca de cincuenta kilos
pescada el día 18 en Pasajes y que se exhibe en
una bañera de zinc, bajo un tinglado de madera.
La cantante donostiarra, señorita Asunción
Pérez (Alda Betoré), debuta con gran éxito en el
Teatro Comunal de Vignola (Italia), interpretando la ópera Don Pasquale.
Poincaré acaba de ser elegido, en Versalles,
presidente de la República francesa, y desde su
capital llegan noticias sobre la posibilidad de una
guerra de proporciones incalculables. La vida local está dividida por la colocación
del Monumento del Centenario. Mientras que
unos ediles proponen su instalación al final del
Paseo del Arbol de Guernica, otros apoyan
Alderdi-Eder como lugar ideal. Hecha la corres- pondiente votación, el día 15, durante la sesión
del Ayuntamiento, votan por su emplazamiento
junto a la bahía los señores Oregui, Navas,
Torre, Granes, Nerecán, Camio, Resines, Minondo, Luzuriaga, Kutz, Zulaica, Mendizábal, Solano, Sansinenea, Delhagara y Presidente, y lo
hacen por el paseo: Azqueta, Uhagón, Doaso, Laffitte, Ochoa, Urreta y Marcellán.
Decidido el lugar, el Jurado encargado de
fallar los proyectos presentados, formado por los
señores Pavía, Aguirre, Carlevaris, Torres y Alday, otorga el primer premio de 2.500 pesetas
al trabajo que lleva por lema "Zubieta", de "Los
profesores y alumnos de la Escuela de Talla у
Modelado de la Catedral de Vitoria, patrocinada
por el señor obispo de la diócesis".
Sonando todavía los compases de las óperas
Aida y Bohemios, presentadas por la Compañía Gorge, en el Teatro Victoria Eugenia, y recor- dando los versos de las obras ofrecidas en la
Juventud Integrista: Hambre atrasada, de Nonato O. Isia; Iskiña Nutrikan, de V. Iraola -interpretada por Pepe Artola- y En las astas del toro,
del maestro Gaztambide, San Sebastián se dispоne a la vida cotidiana que deberá enfrentarse, en
su aspecto festivo, primero a los carnavales y
luego a los actos extraordinarios organizados
para conmemorar las efemérides del centenario
y cincuentenario.
Día 23 de abril. Son las cinco menos cuarto
de la tarde y comienza la sesión del Ayuntamiento donostiarra, presidida por el alcalde, señor
Marino Tabuyo, con asistencia de 18 concejales.
Se lee un informe de la Comisión de Obras a
la moción de los señores Azqueta y Luzuriaga,
solicitando se recabe la cesión gratuita del terreno necesario para la construcción de un paseo
público en el Castillo de la Mota.
Se lee un informe de la Comisión de Obras,
presentando las bases para la aprobación del
proyecto "Solución media", de la Sociedad
Inmobiliaria y del Gran Kursaal Marítimo de
San Sebastián.
Seguidamente, el alcalde manifiesta que,
estando en vísperas de una fecha que no podemos mirar con indiferencia -la del derribo de las
murallas-, propone que, en la sesión secreta que
se celebrará a continuación de la pública, se trate de la forma en que ha de conmemorarse tan
fausto acontecimiento.
Hechas las oportunas consideraciones, se
acuerda que, después de celebrar vísperas, el
Ayuntamiento en Corporación acuda a un Te
Deum en Santa María. Que a las 11,30 de la
mañana del día 4 de mayo, se celebre una sesión
extraordinaria en la Casa Consistorial, en la que
se leerá el acta referente al suceso y a la que se
invitará a todos los ex alcaldes de la ciudad.
Que, concluida la sesión, la Banda Municipal ejecute, en el kiosco del Boulevard, el popular himno que escribió entonces el ilustre don Ramón
Fernández, con música del maestro Santesteban. Que, por la noche, se celebren conciertos y bailables...
Mientras esto sucede en el Ayuntamiento, el
maestro Sarriegui, siguiendo una vieja costumbre, acude al escritorio del ex alcalde don Joaquín Lizasoain. Matiza la conversación con el
fino humorismo que le caracteriza y con los
toquecitos vascos que tanto le gustan. El motivo
del animado diálogo es el palpitante tema de
actualidad, de si la palabra "skutu-ari" es vasca.
Después acude al rosario de Santa María y de
aquí, mientras llega la hora de la cena, se dirige,
como todas las tardes, a la farmacia del señor
Tellería, en la calle Narrica, para mantener un
rato de plática con varios buenos amigos.
Este establecimiento es el mismo que tuvo el
señor Irastorza, siendo, junto a la Casa de Baroja, el lugar donde se inició el movimiento vasco
del que fue alma el inolvidable Manterola.
Al poco de comenzar la tertulia, Sarriegui se
siente ligeramente indispuesto, con dolores en el
pecho, y solicita un calmante. Mientras se lo preparan, se sienta en el lugar que siempre ocupa en
el establecimiento y enciende un cigarro. Sigue
la charla su curso, cuando, de pronto, los contertulios de don Raimundo observan que éste ha
perdido el conocimiento y deja caer la cabeza
hacia atrás. Corren presurosos en su ayuda.
Coincide, en este momento, la llegada del practicante municipal señor Mendiola, quien reconoce
al enfermo. Se da cuenta de la gravedad y llama
a la Casa de Socorro, de donde viene, con toda
presteza, el joven y erudito médico donostiarra
señor Larburu, que está de guardia. También llega, casualmente, el doctor Castillo, y ambos
facultativos intentan hacer reaccionar al enfermo con una inyección de cafeína. Pero todos los
remedios resultan ya ineficaces: Raimundo
Sarriegui ha muerto. Son las 8,10 de la tarde y
contaba 73 años. El párroco de San Vicente, don
José Otero Echeverría, y otros dos sacerdotes, le
prestan los auxilios espirituales.
La triste noticia se extiende por toda la localidad y se recuerda cuando, en su juventud, formó dos charangas compuestas primitivamente
de guitarras y bandurrias, a las que, más tarde,
añadió flautas y violines. Al estallar la guerra
civil se disolvieron las entidades artísticas creadas por el maestro, quien escribió infinidad de
obras que, a pesar de ser liberal su autor, eran
interpretadas por las charangas de los batallones
carlistas, especialmente por la que pertenecía al
4.° de Guipúzcoa, en la que figuraba como oficial
un sobrino suyo. Terminada la contienda, se creó
la Escuela Municipal de Música de la que fue
nombrado profesor de solfeo, fundando, poco después, el primer orfeón de esta población.
A raíz de la muerte de su esposa, Sarriegui
comenzó a retraerse, escribiendo únicamente
algunos motetes religiosos y varios juguetes,
como los calificaba el maestro, para sus sobrinos
que constituían, con él, un simpático y original
cuarteto de flauta, cítara, guitarra y bandurria,
siendo oído exclusivamente por personas unidas
al grupo por fraternal amistad.
Está terminando la sesión municipal cuando
el alcalde, visiblemente emocionado, dice que
tiene que comunicar al Ayuntamiento una triste
noticia que acaba de recibir: el fallecimiento del
popular compositor.
El señor Tabuyo pronuncia un sentidísimo
discurso necrológico, diciendo que sus primeros
conocimientos del arte musical los recibió, precisamente, del maestro Sarriegui.
"Sarriegui, dice, simboliza una parte muy
importante de la vida donostiarra. Maestro de
varias generaciones, autor felicísimo de las más
populares composiciones, su figura estará tan
unida a nuestros recuerdos que su pérdida no
podrá menos que ser llorada como la pérdida de
algo íntimo de todo donostiarra".
A continuación, propone se consigne en acta
el pesar de la Corporación, lo que es aprobado
por unanimidad.
A las 9,30, autorizado por el juez de instrucción, se traslada el cadáver a su domicilio de la
calle Puyuelo, 38.
Pasa una noche repleta de comentarios relacionados con el triste acontecimiento y, al amanecer, las Sociedades Populares izan sus banderas a media asta y adoptan acuerdos para concurrir a las solemnidades fúnebres. También se
acuerda que el próximo día 20 de enero no habrá
Tamborrada, en señal de duelo.
La ceremonia religiosa se celebra a las 11 de
la mañana del día 25, en la iglesia de Santa
María. Preside el duelo el alcalde de la ciudad,
acompañado de los sobrinos del finado. Acuden
el Orfeón Donostiarra en pleno, con su director y
junta directiva; representantes del Consistorio
de Juegos Florales Euskaros, "Círculo Easonense", Sociedades Populares, de Recreo e inmensa
concurrencia de errikoshemes.
Canta la Capilla Parroquial el Kyrie y Credo
de la Misa de Requiem y el Orfeón Donostiarra
interpreta el Sanctus y Agnus, de la misma partitura, y el grandioso Benedictus, de Gounod.
A las 12,30, después del interminable acto de
besar la estola, concluye el funeral, trasladándose todos los presentes hasta la casa mortuoria.
Aparece el féretro llevado en hombros por miembros de las Sociedades "Donosti Zarra", "Euskal
Billera" y "Sporti Clai". Todos se descubren. Inicia el desfile la Banda Municipal, entonando dos
marchas fúnebres; sigue el clero y el féretro. Las
cintas son llevadas por el ex alcalde don José
Joaquín Lizasoain, gran amigo de Sarriegui; don
José Agote, como presidente de la "Unión Artesana", decana de las Sociedades; don José Antonio Rezola, vocal de la Junta del Asilo Matía, de
la que era miembro el maestro; don José Ramón
Tellería, dueño de la farmacia en que falleció;
don Javier Peña y Goñi, presidente del laureado
Orfeón Donostiarra y don Primitivo (Prudencio),
Gorostidi, presidente del Colegio de Corredores
del Comercio de San Sebastián.
La presidencia del duelo está formada por el
alcalde; señores Inchausti y Gabarain, sobrinos
del finado, y varios señores sacerdotes. Sigue el
Orfeón con su director, señor Esnaola, luciendo
la escarapela y boina roja, distintivo de la institución, y una larguísima comitiva en la que están
representadas todas las clases sociales. Cierra la
marcha la carroza fúnebre con cinco coronas
enviadas por sus familiares, el Orfeón, "Sporti
Clai", "Unión Artesana" y "Euskal Billera". El
cortejo desfila por las calles Puyuelo, Mayor,
Alameda, Hernani, Avda. de la Libertad y Puente
de Santa Catalina, donde se despide el duelo. En su testamento, Sarriegui deja mandas
para casas de asilo y obras de caridad, entre las
que figura un legado de 2.500 pesetas con destino a procurar material instrumental a la Banda
Infantil del Asilo Reina Victoria. También deja
una composición original, basada en las campanas de Santa María.
Ha transcurrido gran parte del verano y San
Sebastián se prepara a celebrar las fiestas del
centenario de su destrucción y reconstrucción.
Entre los actos programados, destaca la RetretaHistórica del día 31 de agosto, que tiene que suspenderse hasta el día 7 de septiembre, por no
haber llegado los cubrecabezas de las comparsas
que se han pedido nuevos a Alemania. El mal
tiempo obliga a un nuevo aplazamiento, el día 7,
fijándose su salida para una semana más tarde.
Al continuar la lluvia el día 14, se anuncia que el desfile saldrá el primer día que haga buen tiempo, lo que ocurre veinticuatro horas después, es
decir, el día 15 de setiembre.
Forman la retreta dos números y un cabo de
la guardia municipal, para señalar el itinerario;
una pareja de la guardia civil, a caballo, para
abrir paso; un cabo y cuatro batidores, a caballo;
un cabo y la escuadra de veinte gastadores, cuatro por cada cuerpo militar representado: fusileros, cazadores, granaderos, artilleros e ingenieros; siete cornetas y cincuenta tambores con el
Tambor Mayor al frente, ostentando una preciosa bandolera de raso encarnado y banda del
Regimiento de Sicilia, con uniforme de fusileros,
como los usados en 1813. (Este regimiento es el
sucesor del que estaba de guarnición en San
Sebastián en 1813, con el nombre de Africa).
Continúa la retreta con un cabo y 24 soldados con uniformes de época; piquetes de corace-
. ros y granaderos, compuestos de 24 hombres y sus oficiales; la Banda "Iruchulo", formada por
32 músicos ataviados de fusileros y los piquetes
de artillería e ingenieros.
Cierra el desfile una monumental farola de la
''Unión Artesana", imitando la histórica casa de
Zubieta, construida con 2.200 piezas de vidrio de
colores, original de Luis Biquendi. Cincuenta números de bomberos, portando bengalas encarnadas, escoltan la comitiva que recorre las calles
Puerto, Mayor, Boulevard, Alderdi-Eder, Miramar, Urbieta, San Martín, Paseo de los Fueros,
Plaza Elíptica, Avda. de la Libertad, Churruca,
Plaza de Guipúzcoa, Elcano, Boulevard, Narrica
y Plaza de la Constitución.
Seis días después, el domingo 21 de septiembre, desfila la Tamborrada del centenario, dirigida por Pedro Luzurraga. Salen a las ocho de la
mañana, cada una de su local social, reuniéndose todas en la Plaza de la Constitución. Intervienen las de la "Unión Artesana", "Euskal Billera", "Donosti Zarra" y "Sporti Clai". Los uniformes de todos los participantes son los mismos de
la retreta. La lluvia que cae a intervalos desluce
la fiesta que, no obstante, obtiene un rotundo
éxito.
Por la noche, durante más de media hora, se
iluminan los montes Urgull, Igueldo e Isla de
Santa Clara, así como todo el contorno exterior
de la playa, que aparece recortado por intermitentes e interminables lucecillas. Colabora al
mayor lucimiento del conjunto, la iluminación
del yate "Giralda", que se encuentra fondeado
en la bahía, y las luces de más de un centenar de
embarcaciones que se deslizan sobre las aguas. |
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