1912

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1912
"Artesana" ta "Euskal Billera"
ala toki askotatik
gazte ta zarrak tamborrabada
barekin dituztelarik,
donostiarren doñu alaya
musikakin bateturik
kalerik kale jubaz debiliza
jende guziya posturik
mirabe eta galai ederrik
ondoren dañaň arturik
ezda munduan baste erri bat
oni emango diyonik
(Cayetano S. Irure 1911).
Decía Adrián de Loyarte: ‘No se si habrá
algún donostiarra de buena cepa, que en el típico
día de San Sebastián, deje de acudir a la Tamborrada. La Tamborrada tiene mucho de tipismo y
no poco de grotesco, ha constituido, desde que se
creó, una simpática fiesta, algo como inseparable del día de San Sebastián. Quitar a un donostiarra la Tamborrada ese día, y habréis arruinado el carácter más esencial de la fiesta. No es posible hacer música más koxkera que
la de Sarriegui, y es que tal como está concebida,
demuestra por todas partes aquel humorismo
donostiarra, medio gascón y medio vasco, que campeaba en el San Sebastián de pasadas centurias. Si Sarriegui volviera a escribir hoy algo de
este género, caería, seguramente, en el vacío,
porque el ambiente que respiramos no es el del
donostiarrismo koxkero".
Y para corroborar estas palabras, para que
su Tamborrada sonara más, la "Unión Artesana" adquirió, en Hernani, doce tambores nuevos
que, añadidos a los que ya disponía, permitieron
formar una nutrida comparsa compuesta de dos
heraldos a caballo; 25 tambores chinos, de los
partidarios de Sun-Yat-Sen; 15 barriles, soldados de Pommery-Anin; 10 latas, con trajes de
bebés y 45 músicos vestidos de pierrot. El desfile
salió a las 8,30 de la tarde del 19, terminando
las doce para izar las banderas. Luego habría
garrotines, habaneras y trozos de ópera, hasta la
sopa de ajo. Pero, como dirían algunos jatorras: "el vino
debe beberse en las tabernas, la sidra en las
sidrerías y la Tamborrada pierde su sabor si no
es a las cinco de la mañana".
No hubo excesivas novedades el día 20. La
Tamborrada había hecho su recorrido la víspera
-salvo la del Antiguo- y los sucesos más destacados serían ajenos a la fiesta: en una explosión
ocurrida en el túnel que se construía entre
Herrera y Eguía, para que pasara el tranvía de la
frontera, resultó herido don Gregorio Irazu; desde un quinto piso de la calle Churruca, tiraron
una criatura recién nacida que, al ir a recogerla,
estaba todavía con vida y desde París llegaron
noticias de que las sufragistas habían pedido que
se suprimiera, en las ceremonias matrimoniales,
la frase "La mujer debe obediencia a su esposo".
Por lo demás, la jornada fue festiva para la
mayoría de los donostiarras, aunque algunos
comercios abrieron por la mañana. Se echó en
falta la gira de "La Volante", que había cuajado
positivamente en el pueblo; a las once, la Sociedad "Gure-Izarra", situada frente al muelle,
amenizó las calles con los gaiteros de Azpeitia y
en Cai Arriba, después de prolongados ensayos
en el "Salón" de Andonegui, debutó el "Orfeón
Galarfierro", cuyos miembros, para pertenecer a
él, sólo precisaban tener voz y más de cuarenta
años, acompañado al armonium por el excelente
organista, señor "Niporesas". A pesar de todo lo programado para este día:
concierto en la Alameda, bailables, banquetes,
funciones de teatro, músicas en Gros, etc., el
tema de la actualidad seguía centrándose en
Ondarreta:
El Aéreo Club de Guipúzcoa acababa de
construir un hangar, en el campo de Ondarreta,
por haberse ofrecido el aviador Mr. Garnier a
efectuar vuelos de ensayo durante los meses de
invierno. El día 18 por la tarde, tan pronto como
el piloto fue sacado del campo, se hizo andar al
motor, perdiendo tierra en pocos segundos.
Muchísima gente se había reunido en la Plaza de
Cervantes, para presenciar el paso del aparato.
Garnier, pilotando un hermoso monoplano nuevo
de la marca Bleriot, dio dos vueltas a la bahía y
cuando llevaba volando más de cinco minutos, en la tercera vuelta, al borde del Paseo de la
Concha, cesó de funcionar el motor, cayendo de
regular altura junto a la rampa de Alderdi-Eder.
El aviador quedó sentado en su asiento, resultando ileso. Debido a un olvido, los tubos de conducción de gasolina habían quedado cerrados, en
lugar de abiertos. Rápidamente acudió en su
auxilio el gobernador y numerosos curiosos. La
policía estableció un cordón para que se pudiera
arreglar el aparato, que tenía rotas la hélice y
parte de las alas. Mr. Garnier, acompañado del
señor Azcona, montó en un coche que le llevó al
campo de Ondarreta, donde fue ovacionado "debido a lo intrépido que era".
En una reunión celebrada al día siguiente en
el Aéreo Club, se acordó abrir una suscripción
para que Mr. Garnier pudiera atender a la
recomposición de su aeroplano y para los gastos
de los aviadores que próximamente irían de Pau
a Biarritz.
Telegrama desde Berlín: "Felicitación Sociedad. Stop. Pueblo Queridísimo. Stop. Esnaola,
Fortes y Peña.
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