1889
La apiñada muchedumbre,
que ocupa toda la plaza,
sufre con resignación
una y otra chamuscada,
y escuda las estampidas
de los petardos que estallan,
con un lluvia de fuegо
y bombitas de bengala.
Finaliza el zezen-zusko
mientras los jóvenes bailan
al compás de alegres piezas
que ejecuta una charanga.
Son las 6,15 de la mañana. Es la hora que
dicen los periódicos saldrá la Tamborrada. Recorrerá las calles de Igentea, Muelle, Puerto, Mercado, Alameda y Oquendo. El día se presenta
delicioso, sin viento ni frío. Está formada la comparsa por tres grupos que representan el ayer,
hoy y mañana.
El primer grupo viste levita y sombrero de
copa; tocan con mucha afición y buen gusto, seis
bonitos flageolets, interpretando una original y
caprichosa habanera. Les siguen doce barriles:
el traje de este grupo ha sido dejado a la libre
elección de cada participante, siendo la única
condición el que pertenezca a la antigua usanza
española. Está dirigido por un soberbio y bien
caracterizado Dominó.
Desfila a continuación el grupo representativo del hoy: gastadores y una escuadra de veinte
tambores ataviados de forma similar a como han
venido haciéndolo en años anteriores.
La comparsa del mañana se compone de un
grupo de carraqueros: visten elegante frac de
lienzo, larguísimos faldones de arpillera y un globo por sombrero. El jefe lleva por batuta un enorme y dorado rayo y, en el globo-sombrero, un
puntiagudo para-rayos de donde sale una cadena "conductora del terrible fluido" que se pierde
en su ancha espalda. Tocan unos armoniosos
cilindros que, merced a un manubrio, despide
gratos sones.
Gastadores liliputienses y la banda de música "La Unión", formada por cuarenta músicos,
cierran la marcha.
Hace paradas en los periódicos La Voz de
Guipúzcoa y El Guipuzcoano; se detiene en los
domicilios de los señores Iraola y Sarriegui y es
recibida con cohetes por la directiva de "La Fraternal", integrada por el señor Jornet, presidente; Práxedes Diego Altuna, vice-presidente; Fernando Abonz, tesorero; Manuel Múgica, secretario y Francisco P. Cuadrado y Javier Irastorza,
vocales. Al llegar la Tamborrada es izada la bandera de la Sociedad en uno de los engalanados
balcones.
Se decía que este año no habría bueyes ensogados, por haberse agotado el presupuesto de festejos, pero la ilusión que los donostiarras tienen por esta fiesta, ha vencido todas las dificultades: ayer, ya se informaba de su celebración.
Tendrá lugar, se decía, en la Plazuela de Lasala,
adonde será llevado el buey por la calle del
Puyuelo, con el fin de no molestar a la señora
viuda de Díaz, que vive en la Plaza de la Constitución y se encuentra gravemente enferma. Esta
mañana, sin embargo, se ha corrido la voz de
que dicha señora ha sentido una notable mejoría
y los bueyes son corridos en el lugar de costumbre. El festejo termina sin heridos y se recuerda
la grave cogida del año pasado, a un joven de la localidad. También en el Antiguo, la"Sociedad de
Recreo", además de otros festejos, ha corrido
dos bueyes. Para ello solicitó el correspondiente
permiso del Ayuntamiento, pidiendo "se le facilitase la cuerda necesaria para esta diversión".
Quienes hayan ido desde el centro de la
población, habrán tenido que sufrir las incomodidades de pasar por la zona de excavación y
extracción de tierras, que comenzaron el día
tres, para la construcción de un túnel. La obra de
desviación de la carretera actual, en la que trabajan cien hombres, ha sido concedida a Miguel
Salaverría por 178.580 pesetas.
Y mientras los donostiarras se divierten alegremente, unos niños, también donostiarras, inician, tristes, un largo viaje del que esperan volver con la alegría de la curación. Se trata de ocho pequeños que fueron mordidos por un perro
hidrófobo, en las cercanías del convento de San
Bartolomé, y a los que el Ayuntamiento, por
cuenta del Municipio, acordó enviar hoy a París
para someterse al tratamiento del eminente doctor Pasteur.
Y de París vayamos a Londres, porque el
mismo terror que padecen las damas londinenses ante los crímenes que está cometiendo Jack
el Destripador, lo padecen las damas donostiarras al leer los relatos que de tales hechos publica la prensa local.
Y aunque hay quien cree ver destripadores
por todas partes, no cabe duda de que resulta
más rentable el ver duros: duros "de los antiguos", de los que ya están fuera de la circulación. En la tienda 'La Navarra", de la Avenida
de la Libertad n.° 3, se pagan 18 reales por los
duros "isabelinos" y 16 por los "carlos" y "fernandos".
Con lo recaudado podemos entrar en "El
Andorrano", calle Garibay n.° 11, donde,
habiéndose terminado el inventario, se ponen a
la venta, a mitad de su precio, una partida de
corsés de clase superior "por no querer seguir
más con este artículo". También podemos adquirir, con el 50 % de rebaja, una pequeña partida
de medias y calcetines sin costura, camisetas,
calzoncillos, tiras y entredoses bordados.
Luis Salsamendi y Antonio Egües contra José
M.a Ugalde y Melchor Gurruchaga, sacando los
primeros del 5 y los segundos del 6, es el partido
que veremos en el frontón Jai Alai, antes de
cenar para ir al baile de máscaras de "La Fraternal". Baile, en el que reinará gran ambiente por
haberse "prohibido la entrada a forasteros, para
coartar, en lo posible, abusos que puedan redundar en perjuicio de la buena armonía que
debe reinar en estos bailes de Sociedad".
A la misma hora, en los locales de la "Unión
Artesana", Joaquín Díaz, mozo del Café de la
Marina, a quien acaban de tocar 39.000 duros
en la lotería -hace cinco años también cayó un
importante premio en este Café, como ya ha sido
relatado- invitará a una cena a todos los mozos
de café de San Sebastián. Como nosotros tenemos distinta profesión no
podemos asistir a la cena, ni asistiremos tampoco al teatro, no vaya a ser que el éxito que dicen
está teniendo la Compañía, se deba en realidad a
la experiencia de la claque profesional, que acaba de establecer las siguientes tarifas: aplauso
corriente, 5 reales; aplauso repetido, 15; aplauso
insistente, 20; arrojar sombrero al escenario, 10; tres salvas consecutivas, 25; arrojar capa y americana, 18; efectos de horror, 28; arrojar ramos
de flores, 22; murmullos de espanto, como si faltaran fuerzas para aplaudir, 24; arrojar palomas, 30; sollozos prolongados, 16; risas, 4; una
carcajada, 8; exclamación de ¡Ah, bribón! y ¡Qué
gracioso!, 14; exclamación de ¡Divino!, ¡Sublime!, ¡Portentoso!, 20; cajas de dulces, coronas y
otros regalos arrojados a las tablas, 36.
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